Sebastián Biscardi realizando
la forma Sh #1

 

 

 

 

Sebastián realizando la forma
de lanza del estilo Choy li fat.

 

 

 

 



[Combate: Ansiedad, Fuerza y Control] por Sebastián Biscardi

 

Primero que nada voy a presentarme, mi nombre es Sebastian y descubrí el Kung Fu recién a los 33 años de edad. Si bien llevaba un tiempo con la fantasía de aprender un arte marcial, distintas situaciones frenaban mi deseo: una de ellas, una sensación de temor a lo desconocido, miedo de salir lastimado de un entrenamiento, y no por el dolor físico, sino por terminar alguna clase con un ojo morado o con algún diente menos, quedando con alguna “marca” que luego me condicionara para el resto de las actividades que llevo a cabo en mi vida diaria. Estoy seguro de que esta es una fantasía muy común entre aquellos que desconocen el entrenamiento de un arte marcial. Otra de las fantasías es que el entrenamiento de Kung Fu es una suerte de “Club de la Pelea” y, por eso, muchos llegan con la excitación de golpearse. Pero junto con esa adrenalina también traen miedos y dudas al kwoon (lugar de entrenamiento), lo que se manifiesta en una marcada ansiedad del alumno nuevo a la hora de aprender, y que los convierte en los más peligrosos a la hora de entrenar en cualquier tipo de combate.
 
 Lo desconocido nos pone alertas, nos arma de músculo y nos predispone a la defensiva; endurece nuestras posturas, quitándonos velocidad, fluidez y control. Esto que nos sucede es innato al ser humano y, por ello, sucede con los nuevos practicantes de cualquier arte de combate. El Kung Fu tradicional que nosotros practicamos en nuestra escuela, está regado de múltiples principios y valores que guían la enseñanza: el Wu de o ética marcial, señala valores que ayudan en casi todas las situaciones de este tipo que puedan presentarse; entre otros, la humildad, que debe estar siempre presente, el respeto recíproco que debe existir entre el Maestro y el alumno o entre los mismos practicantes - nuevos o antiguos, avanzados o principiantes- y que guían tanto al Maestro como hasta al alumno más experimentado para poder contener esta ansiedad latente en los más novatos que casi siempre se manifiesta en falta de control. Cuando uno recién comienza con el entrenamiento, suele ser arrebatado y hasta bruto en los movimientos; será la suerte o el destino que podrá ponerle al novato en su camino a un instructor o alumno avanzado que lo guíe hacia movimientos más relajados que lo alejarán de la posibilidad de sufrir lesiones propias o de causarlas en sus compañeros. Así, podrá practicar en un clima en el que se entrena duro y se aprende a golpear sin un contacto excesivo que pueda dañar, es decir, a entrenar sin utilizar la llamada “fuerza bruta” que todos tenemos dentro y utilizamos con torpeza cuando se nos presentan un escenario confuso.

Yo recuerdo que tenia muchas preguntas en la cabeza al principio, éstas eran: “¿Cómo voy a aprender a golpear con fuerza si no lo practico? ¿Cómo podré combatir con firmeza, si no se me permite hacerlo? ¿Cómo sé que estoy mejorando mis movimientos si tengo que contenerlos cada vez?”. Estimados colegas practicantes de Kung Fu, en este caso la pregunta misma contiene la respuesta. Es la práctica constante pero con la mirada puesta en el límite lo que nos va a dar resultados superadores en técnica y combate… cuando un alumno logra, por ejemplo, lanzar una patada a la cara de su adversario hasta hacer contacto con ella, pero sin dejarle una marca o secuela, o cuando pueda lanzar un golpe de puño a una zona baja haciendo sentir el contacto, pero no ocasionando un dolor duradero en el otro, ahí habrá logrado la real habilidad de hacer daño en su oponente: conocer el limite del daño, cuando comienza, dará la madurez mental necesaria como para entender que uno puede ocasionar daño serio, y que por ello no debe ocasionarlo.

Practicando de la manera en que lo hacemos en nuestra escuela, trabajamos los aspectos quizá más importantes del combate: la precisión y el foco. Imaginen por un momento un combatiente con un gran poder físico, pero sin precisión. ¿De que le serviría toda su fuerza si no pudiera acertar un golpe? Y, dado que en muchos enfrentamientos con un sólo golpe basta para terminar con el combate. He allí la importancia de la precisión del golpe por sobre su fuerza. Y también del foco, porque aún en clara desventaja física y con una sola posibilidad de ejecución, bien enfocados podremos salir victoriosos.

Es por eso que mi recomendación es practicar técnica, precisión y foco, dejar en un principio la fuerza de lado, y verán que al final cuando la quieran traer nuevamente a su Kung Fu, ya no la necesitarán.

 

 

 

 

Sebastián Biscardi , alumno del Sifu Martín Ugarte - Núcleo Belgrano
Abril de 2010